Construir Puentes en vez de Muros…

El próximo 9 de noviembre se conmemora la caída del Muro de Berlín en 1989: un muro que fue absurdo para unos, y con total argumento para otros.

En cualquier caso, Muros como el de Berlín se constituyen en leyes de los hombres para los hombres: inventos que mágicamente aparecen en el cerebro de alguien, y se dispersan colectivamente hasta convertirse en “lo normal”, “lo que tiene que ser así”, “lo que siempre ha sido así”… Y como todo lo que ocurre a nivel macro ocurre a nivel micro, y viceversa, lo absurdo del día a día se convierte en lo corriente, moral y éticamente aceptado de la vida diaria.

El humano, en su ilusión colectiva crea muros todo el tiempo, que lo protegen, que lo hacen de alguna manera especial y único: Que blancos, que negros, que indígenas, que mujeres, que liberales, que conservadores, que homosexuales, que heterosexuales… que allá los animales y aquí los humanos… que somos superiores y los otros son inferiores… que somos mejores y los otros tienen mucho que aprender de nosotros…  un lindo resumen bastante actual del narcisismo de la menor diferencia descrito por Freud; Somos iguales y en esa igualdad nos pegamos de la más mínima diferencia para convertirla en la excusa perfecta para argumentar el conflicto.

Muros para la permanencia de ideas, de sentimientos… muros para esconder que la impermanencia es lo único real de la vida.

El mantenimiento de estos muros implica un esfuerzo extra para argumentar el porqué de su existencia, y para reafirmar una estructura racional que sostiene su razón de ser; esto es sólo un castillo de naipes alrededor de una idea que es la base de toda una linea de pensamiento que se constituye en los cimientos de nuestras vidas y en el argumento de nuestras acciones.

El esfuerzo que implica sostener el argumento de una linea de pensamiento construida como un castillo de naipes, en muchos casos conlleva a la disonancia cognitiva, que es la distancia enorme que existe entre lo que uno cree y lo que uno hace, y la reducción de esta distancia está garantizada porque la mente se encarga de racionalizarla y de encontrar un punto confortable modificando la creencia para argumentar la acción.

Sabiendo todo esto, por qué no construir puentes entre las diferencias en vez de muros entre las igualdades?

Por qué no centrar nuestras ideas en la premisa de la igualdad? en la inexistencia de las fronteras? por qué no enfocar nuestra atención en aquello que nos une como humanos, como seres vivos, como planeta?

Construir puentes entre las diferencias nos abren infinitas posibilidades de conexión, de fluidez con la vida… somos parte de un mismo río, como cada gota de agua…

Por Carolina Granados Méndez

Noviembre 2015

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